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Te has preguntado qué es lo que más admiras en tu maestro? ¿Su tranquilidad, su grandeza, su sabiduría, su ecuanimidad, su presencia, su carisma? ¿Todo eso? ¿Podemos nosotros los espíritus en vías de evolución lograr ese estado?
La respuesta quizás podamos encontrarla al tratar los siguientes puntos:
Qué es disciplina
Disciplina Iniciática y quiénes pueden alcanzarla
Cómo se logra
QUE ES DISCIPLINA
Definamos en primer lugar el término disciplina. Cualquier diccionario nos dirá lo siguiente:
Regla de conducta común para los miembros de un cuerpo, de una colectividad, destinada para hacer reinar el buen orden.
Rama del conocimiento, de los estudios: materia, ciencia. (¿Qué disciplina enseña usted?).
Regla de conducta que uno se impone: autodisciplina.
En el siglo XIV, látigo hecho de cordeles o de pequeñas cadenas para flagelarse, para mortificarse.
Lo contrario es la anarquía, el desorden y la indisciplina.
DISCIPLINA INICIATICA
La disciplina iniciática podría definirse como un estado del iniciado alcanzado gracias a los siguientes aspectos:
Trabajo personal del plano físico.
Trabajo personal del plano emocional y etérico; eliminación de miedos, odios.
Desarrollo de los buenos sentimientos: amor, alegría, serenidad.
Trabajo personal del plano mental concreto.
Desarrollo del plano mental abstracto.
Desarrollo de la voluntad.
Práctica de las leyes y principios universales.
Perseverancia.
Práctica del Amor.
Amplitud de consciencia.
¿QUIÉNES PUEDEN ALCANZARLA?
Todos los seres humanos, cada uno a su ritmo, a su nivel de apertura de consciencia, cada uno tiene la oportunidad de avanzar por este camino en cada encarnación. Si perteneces a nuestras escuelas internas, puedes lograrla participando en cualquiera de nuestras órdenes iniciáticas. Aquí el camino a la perfección por la vía de la disciplina iniciática se hace más fácil con la ayuda de un guía espiritual encarnado y asistido por la divinidad.
Relaciono este alcanzar la disciplina iniciática a la figura del Ermitaño, el arcano IX, que camina equilibradamente entre la Fuerza y la Misericordia.
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| Lámina 9 de El Tarot Iniciático de Serval |
Si lo observamos, nos damos cuenta que de él brota tranquilidad, sabiduría, confianza. Es un ser silencioso, sabio y reflexivo. Pero también es la expresión de un servidor real, de un colaborador del Plan Divino, un practicante de las leyes universales. La fuerza manifestada a través de su persona es la energía espiritual de su individualidad. Es decir, actúa con la guía de su yo superior, dejando anulado su yo inferior. Su individualidad se manifiesta claramente a través de su personalidad.
Si hablamos de una manifestación de la individualidad, una manifestación del ser esencial, ¿significa que nosotros estamos en condiciones de volvernos como el Ermitaño? El Ermitaño es un símbolo, él no existe por sí mismo. Es el personaje que todos tenemos dentro, pero que no logramos exteriorizar.
JESUS PARA EL MARTINISTA
Cuando
observamos el camino al calvario de Jesús, el vía crucis, vemos que Él lleva en sus
hombros la cruz, símbolo de la armonía y de la perfección. El camino no es fácil,
sufre caídas, los soldados lo aguijonean. Pero también tiene ayuda de otros seres que
están a la orilla del camino que lo asisten dándole agua para beber. Siempre va con esa
carga que en ese momento significa llevar un madero al hombro, hasta que después de pasar
las 13 estaciones, es el momento de la crucifixión, el momento del sacrificio gozoso: se
une a la cruz, es uno solo con ella, Cristo y la Cruz son un solo elemento.
Análogamente pudiéramos decir que nuestra vía a la perfección obtenida a través de la disciplina iniciática es como ese vía crucis: llevamos la perfección con nosotros, no está aún unida a nosotros, no nos damos cuenta de su existencia. Esa disciplina, más que un premio, parece un castigo. El castigo es comparable al romper esquemas y modificar condicionamientos. Es decir, desapegarse de condicionamientos y programas que nos llevan a lo que nuestro maestro llama la "No Vida" (mundo profano) en lugar de conducirnos a la "Vida" (realidad espiritual).
El desapego es difícil, es a veces tomado como un castigo: separarse de seres queridos, de profesiones, de ciudades, de costumbres (¿malas?). Pero nuestro espíritu nos empuja a seguir por el camino, teniendo a la vista, fuera de nosotros, el símbolo de la cruz que vamos cargando. Porque a veces nos preguntamos ¿por qué a mí, Señor?, sabiendo que es mejor así, sabiendo que todo pasa, sabiendo que estamos aprendiendo, sabiendo que es el efecto de una causa, sabiendo por último, que "hay cosas peores".
Los seres que maltratan a Jesús en el vía crucis, son quienes en este mundo nos aguijonean con sus maledicencias y envidias, es nuestro mundo profano formado por quienes estando dormidos nos arrastran a sus costumbres; esos seres representan igualmente nuestras pasiones, nuestros pensamientos destructivos malignos, nuestra vanidad, nuestro ego malformado, nuestra gula, nuestro "no querernos". Estos soldados que hacen sufrir a Jesús es la representación de la lucha de nuestro yo inferior por no querer perder su trono y dejar paso al reinado de nuestro yo superior.
En la otra orilla están los seres que nos dan de beber agua, que puede simbolizar aquí el conocimiento, el bálsamo que calma nuestros pesares, el elemento dador de esperanzas de un mundo mejor. Son nuestros breves encuentros con hermanos mayores, con los guías espirituales (con uno solo, si tenemos esa bendición). Representan la fuerza constructora, el conocimiento proporcionado a sorbos, para que no nos ahoguemos. Están ahí para guiarnos hacia el final del camino, para que no nos desviemos. Nos guían en silencio y con mucho amor, sin criticarnos para no seguir hiriendo nuestro ego. Si encontramos a alguno de ellos en nuestro camino de sufrimiento, significa que vamos bien.
Después de varias estaciones (¿encarnaciones?) llegamos a fundirnos con la cruz. De esta manera la cruz la perfección forma parte de nosotros, ya no está en nuestros hombros ni tampoco la vamos arrastrando. Nos convertimos en perfección.
El camino por el cual vamos aprendiendo es el camino del equilibrio. A los costados están el bien y el mal, lo positivo y lo negativo, la destrucción y la construcción, el catabolismo y el anabolismo, el sufrimiento y la paz, la tristeza y la alegría.
El camino del medio nos lleva a la crucifixión, al sacrificio gozoso. Logramos un estado interno de disciplina. Nos convertimos en servidores de la humanidad, en discípulos que trabajamos por el grupo, no por nosotros mismos.
(Continuará)
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