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El mar tormentoso

Por Torkom Saraydarian: de, La Ciencia de Ser Uno Mismo.
 
¿Cómo podríamos alcanzar el estado supremo, como podríamos alcanzar la depuración de la conciencia sin
trabajo espiritual?

Cuando un hombre avanza hacia sí mismo, atraviesa tres grandes ámbitos de disciplina y ejercicio. A menudo
vaga por estos ámbitos sin ver jamás, una sola vez, una luz que lo guíe, pero el dolor y el goce le hacen
salir gradualmente de un campo para ingresar a otro. Vaga durante muchos siglos por los desiertos del plano físico, entre ignorancia, sangre y dolor; luego, gradualmente, entra en el mar emocional, y su viaje
grande y difícil empieza en las olas de ese mar vasto y proceloso.
 
Como dijimos, este es un océano de espejismos y fascinaciones, un mar de aflicción onda y de goce. Es
un mar salvaje y tormentoso que puede tragarnos en cualquier momento, un mar en el que no podremos
encontrar señales de guía permanente, y en el que nos perdemos centenares de veces. Hay momentos en los que, simplemente, renunciamos a nuestro viaje y nos arrojamos a las indómitas olas de las emociones, los
espejismos y las fascinaciones. 
 
En ocasiones, a través de la niebla, vemos algunas estrellas que brillan, pero al instante siguiente se
nos pierden. Oímos voces del mundo superior, pero las voces se transforman en los rugidos de las olas cuando golpean la orilla, y el peregrino parece un trozo de madera flotando sobre las aguas.
 
El peregrino tarda muchos siglos en cruzar este gran océano. Poco a poco, construye músculos más fuertes, barcas y navíos mejores, y un día hace pie en la ardiente tierra del plano mental. El plano mental
también tiene sus problemas, obstáculos y dificultades. En lecciones venideras descubriremos
como cruzar este plano, pero nuestro desafío consiste ahora en cruzar este mar emocional, y posibilitar que
nuestro Cristo Interior camine sobre las aguas sin hundirse. Nuestra principal tarea es organizar nuestro
cuerpo emocional, la barca. No podremos desembarazarnos de un vehículo, ni podremos controlarlo hasta que lo organicemos y transmutemos en sumo grado. No podremos controlar nuestro cuerpo físico si no esta sano, puro y lleno de vitalidad. Lo mismo ocurre con el cuerpo emocional; podremos controlarlo y liberarnos de el, si ese cuerpo es puro, calmo y desarrollado.
 
Es imposible poner al vehículo mental bajo control pleno del Alma, o del Señor Interior, si ese cuerpo no
esta integrado, altamente desarrollado y disciplinado. Podremos apartarnos y observar las modificaciones y
actividades mentales si nos alzamos por encima de ellas. Esto no lo podremos efectuar hasta que la mente
haya desarrollado su plena potencia.

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