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Adaptado de Jean De Jean Hudon
Cuando se trata de una mutación, de un cambio profundo, de una transformación global de las conciencias, tenemos la impresión que el cambio va a ser tan grande que las consecuencias que provocará escaparán a nuestro control y nos ponemos a la defensiva ante este desconocido. Este reflejo de prudencia es en sí natural y comprensible. ¿Pero es razonable, en la época de la historia humana en la que estamos, seguir ignorando el mundo en ebullición que nos rodea?
Cuando
permitimos a nuestra conciencia contemplar los hechos crueles que nos ofrecen
los medios de información a través de lentes deformantes, un sentimiento de
urgencia y de crisis aparece en nosotros. ¿Podemos permanecer indiferentes, fríos
e insensibles ante el hambre, las guerras, y la violencia cotidiana de nuestra
civilización atormentada?
Si
tenemos la suerte de vivir en un sitio tranquilo y pacífico, es posible que
digamos que todo eso no nos concierne, que bastante tenemos con trabajar y
buscar nuestra felicidad. Sin embargo, en el fondo no tenemos la conciencia
tranquila, pues sabemos que algo va mal aunque miramos para otro lado y nos
decimos que la policía, el gobierno, las Naciones Unidas, las organizaciones
humanitarias, pacifistas o ecologistas, se encargarán de ello y que todo se
arreglará.
Olvidamos
todo esto, lo guardamos en los malos recuerdos indeseables e intentamos pasarlo
bien, trabajar, hacer el amor, etc. Pero a veces también estamos tristes,
tenemos preocupaciones, dificultades personales que pueden incluso llevarnos
hasta un estado de depresión. En estos momentos aparece esta soledad y angustia
que nos corroe detrás de la máscara de estabilidad y las sonrisas que
regalamos habitualmente. Pero, ¿Qué hay en la naturaleza humana para que la
Tierra esté tan estropeada, para que la violencia, el odio y la guerra causen
tantos estragos? ¿Por qué la vida es un combate perpetuo donde parece que solo
los más egoístas, los más insensibles y los más ávidos, triunfan? ¿Por qué?
Como
no tenemos la fuerza y el valor de descubrir las verdaderas razones e ir hasta
el fondo del problema, nos rendimos, nos agarramos a una esperanza, a una religión,
a una ideología y volvemos a la superficie. Nos ponemos la máscara y el
disfraz y entramos de nuevo en el papel que nos ha asignado la sociedad.
Repetimos la rutina de todos los días, hablamos de la lluvia y del buen tiempo
y nos dedicamos a seguir las reglas del juego establecido, no sabemos por quién
ni cuando.
Estamos
programados como dóciles autómatas, consumimos lo que la sociedad nos dice,
miramos las mismas telenovelas, gritamos de placer con la muchedumbre cuando
nuestro equipo preferido marca un gol, y seguimos la moda marcada. Algunas veces
protestamos, hacemos huelgas y nos saltamos las reglas, pero eso también está
dentro del juego. Las verdaderas preguntas preferimos no hacerlas y menos
decirlas en voz alta.
Es
más fácil seguir la corriente de la marea humana, apuntarse a la ideología
dominante, estar en el lado bueno, y evitar los problemas. Además, ¿para qué
sirve poner en tela de juicio las cosas si de todos modos no se puede cambiar el
sistema? Es demasiado importante, complicado y poderoso para nosotros, está
fuera de nuestro alcance y de nuestro control. Por lo tanto, más vale callarse
y acallar nuestra conciencia.
¿Es
de sabios actuar así?
¿A
donde nos lleva esto?
Algunos
se cansan a veces de actuar de esta manera, de abdicar y perder su libertad
fundamental ante la mecánica de la razón del más fuerte. Algunas veces
incluso, encontramos personas con ganas de ser auténticas, verdaderas y
sinceras, en sus acciones, en sus palabras y en sus pensamientos. Un deseo
poderoso e irresistible les empuja más allá de las respuestas huecas hechas de
antemano. Quieren saber, y las demás personas no entienden que llama interna
les mueve a actuar así. Estas se encogen de hombros, y se ríen de sus
esfuerzos diciendo: “ya se les pasará”.
Pero
estos hambrientos de verdad y conocimiento quieren entender él por qué de las
cosas. Buscan, empiezan a estar más atentos a lo que viene del corazón, a la
pequeña voz interior... leen, escuchan, observan y se llenan de estos pequeños
descubrimientos de sabiduría que la “suerte” mil veces pone en su camino.
Sienten la luz interior que poco a poco se afirma y crece en ellos para alumbrar
su camino. Descubren su camino, y lo recorren con ánimo. Meditan, buscan la
calma y la paz, contemplan el Universo desde una visión interior que cada vez
se clarifica más y saben discernir lo verdadero de lo falso. Inspiraciones
fulgurantes iluminan su percepción del mundo y su comprensión de la vida.
Corrientes de energía sutil se despiertan en cada célula de su cuerpo para
limpiar y purificar todo su ser de las escorias dejadas por la sociedad y la
cultura. Su alma, como una flor de mil pétalos, se abre, y su conciencia se
expande hasta poder distinguir el infinito y comprender la eternidad.
La
Mutación se ha realizado...
Y
de repente, un día, ya no pueden seguir fingiendo, pues están incapacitados
para seguir la rutina de todos los días. Es una realidad nueva que estalla en
su interior. Sienten que esta vez no podrán echarse para tras. Tienen que
elegir!
Están
en la misma situación que el pajarito que tiene que volar por primera vez con
sus propias alas. No, en realidad ha habido un montón de primeras veces, cuando
hemos sentido por primera vez la célula que hemos habitado en los océanos
primitivos del Universo, cuando varias células se unieron para dar forma a un
ser vivo más complejo, el cual un día dejó de respirar con branquias para
aspirar directamente la brisa marina. Luego más tarde, hemos recorrido los
grandes bosques con los mamíferos, nos hemos lanzado en el aire para un primer
vuelo, nos hemos columpiado sobre nuestras patas traseras, hemos pronunciado
nuestra primera palabra, manifestando así los primeros signos de inteligencia,
nos hemos vuelto sedentarios, hemos construido las primeras civilizaciones... y
cada vez nos parecía imposible ir más lejos, parecía que nuestra evolución
había terminado y nada podía cambiar eso.
TODO PUEDE CAMBIAR
Las
guerras pueden desaparecer definitivamente. Los humanos pueden aprender a
querer, la conciencia de la humanidad puede transformarse, dar el gran salto
“imposible” y abrirnos las puertas de una nueva Era de Luz, de Amor y de
Alegría. Todo lo que necesitamos para que eso suceda, es que cada uno de
nosotros abra los ojos, libere su corazón y haga su pequeña revolución
personal. Y cuanto más lo hagan, más fácil será para los demás seguir este
camino del despertar interior.
De
repente, un día la humanidad se dará cuenta que la mutación se ha producido,
que un soplo, un vendaval de cambio se ha levantado a través de todas las
clases sociales y todas las esferas gubernamentales, económicas y humanas del
planeta. La gran mecánica ciega se habrá parado. No dejaremos más que se
muera ningún niño de hambre cuando los graneros están llenos. No toleraremos
más la tortura y la violencia, destruiremos todas las armas y dejaremos de
contaminar el aire y el agua, indispensables para nuestra supervivencia.
Falta
aún mucho camino que recorrer para que llegue ese día, mucho orgullo y tontería
que trascender, mucha madurez que adquirir. Estamos tan atrapados en nuestro
egocentrismo infantil que es desesperante ver como nos empecinamos en repetir
siempre los mismos errores.
La
fuerza de la inercia, de los hábitos adquiridos, y muy arraigados, a lo largo
de miles de años, se nos pega a la piel como sanguijuelas feas y negras. Pelea
y se engancha a nosotros con la energía del rechazo para impedir el más pequeño
cambio. Y cuando pensamos que ya ha desaparecido, que lo hemos conseguido,
reaparece en un momento de inatención como una fiebre súbita de orgullo o de
egoísmo rabioso, que nos hace temblar de vergüenza.
¿Cómo
conseguir salir de allí? ¿Cómo podemos esperar que miles de seres humanos se
despierten de la pesadilla colectiva que vivimos y se liberen de las falsas
limitaciones que nos aprisionan? Desde un punto de vista estrictamente racional
eso parece imposible. Pero como hemos visto, estas imposibilidades no tienen
nada que hacer al lado de las fuerzas inconmensurables que operan en la evolución.
Como
las estaciones que siguen imperturbablemente su ciclo en la Tierra, así también
la vida evoluciona hacia una mayor perfección. De lo contrario, la entropía
desorganizadora, dislocaría y anularía su Obra eterna. La raza humana, tal y
como la conocemos aquí en la Tierra, no es el último peldaño de la evolución.
Nuestro potencial casi infinito de crear y manifestar la belleza y la armonía,
no está más que en sus principios.
El
conjunto de las pequeñas transformaciones que se producen en cada individuo
produce por efecto acumulativo, el arranque de la gran Mutación liberadora. No
es más que una cuestión de tiempo.
Por
lo tanto, en un primer tiempo, es vital consagrar la mayor parte de la energía
a su propia evolución interior, pensando que es la contribución más segura y
útil que podemos aportar a la transformación del mundo. Su suerte depende
realmente de nuestra perseverancia y nuestra determinación en mejorarnos,
porque es en el interior de cada uno donde la guerra, la violencia y los demás
problemas encuentran su fundamento.
Tenemos
que poner en práctica los grandes ideales y pasar a la acción. Las palabras más
bonitas, así como los pensamientos más sublimes se quedarán en vanas
futilidades si no consiguen expresarse y manifestarse de manera tangible. Hay
muchas personas aún que no se comprometen en la acción. El mundo tiene una
gran necesidad de personas desinteresadas con buena voluntad que ofrezcan su
tiempo y sus talentos, para luchar por las buenas causas y ayudar a que la luz
se expanda.
En
resumen, no existe una solución milagrosa para esta mejora. Se trata
simplemente de una cuestión de elección personal. Nadie puede sustituirnos en
hacer esta elección, y tal vez eso sea la mayor maravilla de la aventura
humana.
SOMOS LIBRES
A
pesar de todas las obligaciones sociales, económicas y políticas; a pesar de
todo lo que aparentemente puede ser una restricción a nuestra libertad,
seguimos siendo libres de acogernos a un sistema artificial, al molde único que
la sociedad nos propone. Si deseamos de todo corazón liberarnos de las ideas e
ilusiones que nos han inculcado, podemos hacerlo. Solo depende de nosotros. No
es ninguna utopía. Pedir al mundo que sea mejor y seguir uno mismo atrapado en
su egocentrismo, eso sí es utópico. Pero comprometerse, desarrollando las más
bellas cualidades humanas que germinan en todos nosotros y aplicarlas con la
mejor voluntad a nuestro alrededor, es totalmente posible y realista. No se
trata de convertirnos en santos, pero si de mejorarnos cada día un poquito.
Solo tenemos que confiar en nuestra conciencia, que sabrá guiarnos para superar
las dificultades de la vida lo mejor posible.
Tenemos
que aprovechar plenamente las numerosas oportunidades de aprender, de amar y de
servir que la “suerte” nos ofrece constantemente. Sin darnos cuenta,
avanzaremos rápidamente en la vía de la evolución interior. Las elecciones
que parecían tan difíciles ayer, se volverán a lo largo de los meses y de los
años muy naturales y lo que creíamos imposible se realizará como por encanto.
Todas las circunstancias de la vida se pondrán de acuerdo para facilitarnos la
existencia. Un sentimiento de Unidad con la vida, de comunión permanente con el
Universo, de Amor para con todos, bañará nuestra conciencia con vibraciones mágicas
y no conoceremos más la tristeza profunda nacida de la ilusión de soledad en
un mundo violento y cruel.
Como
el sol que se levanta lenta y majestuosamente cada mañana para iluminar al
mundo con sus efluvios benéficos, o como las plantas que crecen con una
lentitud y una paciencia infinita, así las conciencias humanas se abren
imperceptiblemente hasta brillar con una intensidad cuyo crecimiento es casi
eterno. Y lo que nos espera en la vía de la Evolución, aunque rodeada de un
intenso misterio, nos deja adivinar un destino grandioso, un logro sublime y una
existencia llena de experiencias difíciles de imaginarse hoy día.
Todo
el Universo, a través de corrientes de energías purificadoras, se prepara para
dar a luz a una nueva humanidad, una nueva raza de hombres y mujeres liberados
de su armazón de ilusiones. Tenemos la suerte de asistir, y de participar en
este evento excepcional en toda la historia de la humanidad. Jamás una mutación
de esta amplitud se ha producido en la Tierra en circunstancias tan dramáticas.
Jamás hemos estado tan cerca del mayor cataclismo y de un despertar de la
conciencia a escala planetaria.
En
la escala del tiempo cósmico, vivimos el final de un mundo y el principio de
una nueva Tierra que verá acabarse el reino de las tinieblas y la victoria de
los Hijos de la Luz.
CONÓCETE A TI MISMO
Numerosos
autores modernos han señalado ya ampliamente la vía que lleva al despertar de
la conciencia y a la Mutación del Ser. Sin embargo, no tenemos que olvidar que
es explorando en nuestro interior como tendremos acceso al único y verdadero
conocimiento, el que nace de la experiencia vivida. El intelecto tiende a
desarrollarse en exceso, sobre todo en la sociedad occidental. Nos conviene
buscar un mejor equilibrio entre los procesos intelectuales y la intuición,
entre la razón y el corazón. Por lo tanto, deberíamos concedernos a lo largo
del día, algunos minutos de reflexión, de introspección y de meditación en
la soledad y el silencio. Estos momentos serán una oportunidad para zambullirse
en las profundidades de la conciencia y encontrar respuesta a estas preguntas,
así como la inspiración y la fuerza necesaria para empezar o continuar nuestra
transformación personal.
Entre
las numerosas formas para relajarse o meditar, he aquí los grandes principios
comunes a la mayoría de las técnicas:
1.
Relaja progresivamente todos los músculos del cuerpo y tranquiliza todas
las tensiones.
2.
Deja que se apague sin esfuerzo la voluntad y la actividad del
pensamiento objetivo. Se puede ejercer la concentración repitiendo una palabra
(mantra), observando un objeto (llama de una vela o mandala), o escuchando un
sonido o una música calmante, hasta que el monólogo interior se haya calmado.
3.
Olvida cualquier referencia del espacio y del tiempo y abandónate en
total confianza al flujo de impresiones, de imágenes y de inspiraciones que
fluirán de las profundidades de la conciencia.
4.
Observa y contempla pasivamente todos los fenómenos que se producen en
ti, todas las visiones que salen, y cualquier idea nueva sin censurarla;
procurando quedarte despierto.
5.
Por fin, después de volver a la conciencia normal, busca el sentido
profundo de lo que has sentido, reflexionado o comentándolo con alguien, con el
fin de profundizar en su comprensión.
Otra
estrategia esencial consiste en permanecer vigilante y consciente en todas las
circunstancias, atendiendo a todo lo que nos rodea, y a las sensaciones o
impresión interiores de tipo intuitivo que nos llegan. Este engarce de la
conciencia en el momento presente, contribuye a disminuir las ilusiones que
deforman la percepción del mundo, y los eventos que en él se desarrollan. Eso
nos permitirá sentir mejor el contacto con la Conciencia Universal en nosotros
y su pequeña voz que guía nuestras palabras y nuestros actos.
Para
terminar, añadimos otros ejercicios para aplicar estos conceptos. Es
aconsejable hacerlos en calma, con los ojos cerrados y confortablemente
tumbados.
-
Inspira profundamente y lentamente 3 veces. Conserva
el aire en los pulmones, el mayor tiempo posible (entre 30 y 60 segundos),
llevando la atención a la glándula Pineal, que está en el centro de la
cabeza, a la altura del centro de la frente. Es normal que sientas una sensación
de presión interna o de pulsión. Eso es señal que se despierta este importantísimo
centro psíquico.
-
Observa atentamente tu respiración sin controlar el
ritmo, dirigiendo la conciencia al conjunto del sistema respiratorio, dejando de
pensar. De esta forma, llevando constantemente tu atención hacia la observación
del ritmo lento y natural de la respiración, consigues interrumpir el monólogo
interior. Este ejercicio es excelente para mejorar la vitalidad y nos permite
entrar en un estado muy profundo de meditación.
-
Para conseguir una relajación total, visita con el
pensamiento cada parte de tu cuerpo, empezando por los pies, subiendo lentamente
por las piernas, las caderas, el tórax y los brazos, terminando por los
hombros, el cuello y la cabeza. Asegúrate de relajar las tensiones de cada
parte explorada, visualizando una luz blanca y radiante que invade tu cuerpo y
lo inunda de calma y serenidad.
-
Deja que la pequeña voz de tu conciencia te guíe
para elevar tus pensamientos y todo tu ser, hasta conseguir una comunión con la
Vida Universal, con la Conciencia Divina. Abandónate a esta fusión.
SÉ UNO CON TODO LO QUE ES. Si sientes que sube en ti una ola de
energía, centellando como millones de cristales luminosos y penetrando en tu
cuerpo desde la cabeza o la nuca, acoge con alegría este proceso de regeneración
de tu ser, la Mutación se está realizando.
-
Solo tenemos un planeta Tierra y todos somos
miembros de la gran Familia Humana. Nuestro destino está ligado a nuestra
voluntad de despertar en nosotros esta conciencia global y holística, uniendo a
todos los seres en la maravillosa aventura de la vida en “Gaia”, nuestra
Madre Tierra.
GUÍA PARA UNA MEDITACIÓN HASTA LA FUENTE INTERIOR.
Ponte
en una postura confortable, cierra los ojos y relájate haciendo profundas y
lentas inspiraciones. Inspira la energía vital y regeneradora, y expulsa las
tensiones del día con cada expiración. Inspira
y expira profundamente varias veces.
En
la pantalla interior de tu conciencia una imagen aparece. Al principio no la
distingues mucho, pero cada vez se hace más nítida. Estás caminando
tranquilamente en un campo verde, una tarde de primavera. Los pinos del bosque
cercano desprenden un olor familiar y vivificante. La claridad vespertina
ilumina las colinas vecinas, y hace resplandecer de belleza las flores y las
hojas nuevas. Se oyen el canto de los pájaros celebrando la caída del día. ¡Cuanta
belleza! ¡Cuánta paz! ¡Cuánto amor! Llénate de este esplendor natural.
Respira lentamente, relajándote cada vez más y más, en este paraíso lleno de
paz.
Poco
a poco, un corazón dorado emerge de tu ser y se pone a latir, desprendiendo una
suave luz diáfana al ritmo del Universo, irradiando una bondad infinita. Siente
como se irradia en el centro de tu ser en todas direcciones. La Luz corre como
un torrente de primavera y te purifica de toda imperfección. La curación
espiritual de tu ser y tu alma se cumple.
Permanece durante un tiempo en el corazón de la vida que palpita en ti. Recarga tus baterías espirituales, y baña tu voluntad, a veces frágil, en esta voluntad del Bien. Anima en ti el fuego de la perseverancia y la aspiración hacia una luz mayor. Ahora que has vuelto a ser luminoso, irradia el equilibrio y la armonía que te habita hacia la creación
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